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La Pasión por el Vino: Criterio de buen gusto
por Orlando Mójica (asistente en La Vinoteca)
El fenómeno cultural del buen vino se ha hecho presente en nuestras vidas con más fuerza en los últimos años. Hemos percibido como va en aumento el número de personas que los disfrutan, lo compran y hablan de el. Es parte de un movimiento mundial en la recuperación de la tradición del buen gusto y las sanas costumbres. En Panamá, han aumentado las ventas tanto en restaurantes como en casas distribuidoras, y quienes viajan no pueden evitar el visitar una viña reconocida con el objeto de enriquecer orgullosamente su nueva cava personal con una excelente añada.
¿Pero que inquietudes despierta en nuestra sociedad la introducción, o
mejor, “el renacimiento” de un antiguo valor cultural? Quienes
encontramos en la cata del buen vino un motivo de inspiración y de
exteriorización de una actitud sensible ante todo lo que amamos en la
vida, no hemos podido evitar el interrogarnos por el mejor sentido que
podríamos darle a esta costumbre, pues es casi un síntoma que nos puede
llevar a reflexionar profundamente sobre nuestras propias ideas y
formas de vida. Ante ello también hemos tenido que reconocer la
importancia el que todos nosotros aprendamos que cada cosa tiene su
lugar y que el desarrollo de un criterio propio es necesario frente a
lo desconocido: ¿Sabemos que el vino es el manjar de los dioses que
nos enfrenta a nuestra humana susceptibilidad?
El probar vino frecuentemente no es un asunto resuelto de manera
general y absoluta. No es fácil el tema, pero creo que de eso se
trata, de lo sutil. A través de la historia de las civilizaciones en
el pasado el vino ha sido protagonista común de las más intimas
experiencias compartidas. Igual, la literatura y la religión se
encuentran pobladas de personificaciones y anécdotas motivadas por su
misterio y polémico poder de influencia afectiva. En nuestros días no
ha dejado de ser así. Hoy los especialistas en el campo de la conducta
lo plantean así: ¿Qué condiciones orgánicas, psíquicas y sociales
enfrenta el individuo ante un objeto de placer que se hace costumbre
diaria? ¿Estamos preparados para no hacer de una sana expresión del
amor propio una necesidad de consumo dependiente?
No es solamente que la cata se eleve de la necesidad de nutrirnos a un
acto de satisfacción intima. No es que del proceso de convertir la
fruta viva en alimento complejo también resulte un natural nivel de
alcohol. Es también una cuestión de cantidad y frecuencia.
En lo personal, pienso que todo lo que hasta aquí hemos dicho con
relación a si es igual para todos el tomar vino diariamente tiene un
sentido subjetivo y un contexto educativo, pero también es importante
que cada individuo se reconozca precisamente en su propia medida
interior. Debemos ser consecuente en todos nuestros actos y mas con
aquellos de los cuales depende la formación de nuestra propia
afectividad, pues no hay lugar para contradicciones en nuestro proceder
si el objetivo final es vivir mejor. El equilibrio esta en llevar
nuestra sensibilidad de las vivencias corporales a la “convivencia
espiritual”, concluyendo que la pasión por el vino, por extensión más
que una pretensión de moda debe ser una práctica reiterada de nuestra
disciplina y realización personal.
Glosario
Añada: Cosecha anual de vino.
Cava: Espacio, recinto o habitación donde se guardan los vinos.
Cata:Acción de probar, gustar alguna cosa para examinar su sabor o sazón.
La Vinoteca
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